La Violeta.-
Borracho de cuatro esquinas, en peregrinación a la anhelada casa de putas. Ya era una obsesión, siempre pedía lo mismo y la misma.
-Habrá alguna rebaja para un ebrio de profesión?
Más la respuesta siempre era igual...
Allí esta Violeta sobre las sabanas esperando y deseando, que llegase alguien y que se fuera pronto. Era conocida por sus hazañas en la cama, más su cuerpo era un verdadero prodigio de la naturaleza, y era él, quien prodigaba, dichas proezas. Sus clientes amantes la buscaban, la deseaban, añoraban las sensaciones únicas que solo ella los podía hacer sentir. Sus bellos ojos, su boquita de carnosos besos, siempre perfumada, y de sucias palabras, que eran agradecidas, en el cigarro tras el coito. El borracho la tomo y la besó, saboreo sus dulces curvas. Mientras en el éxtasis del momento era inevitable pensar, como diablos siempre volvía con aquella prostituta sin piernas y sin brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario